venerdì 11 dicembre 2015

La reliquia más barata (Reflexiones I)

¿Por qué el hombre sigue creyendo en la religión? Repetidas veces, el ilustre cuentista, Jorge Luis Borges, dijo que toda la cultura occidental está basada en registros atávicos del cristianismo, y que por lo tanto, todos y cada uno de los libros escritos dentro del occidente son la Biblia, reescrita una y otra vez, con diferentes palabras. Será que una sociedad que ha vivido por dos mil quince años en las manos de una idea, por más arcaica que sea, no puede quitarsela del pensamiento; y luego nos quejamos del Corán, a sabiendas de que es relativamente nueva la idea del otro profeta y que por lo tanto es más próxima y más coherente a las raíces de esa cultura. El filósofo Friedrich Nietzsche, quién buscó el bien común de la humanidad y quién jamás negó a Dios, al contrario de lo que se piensa, relató alguna vez las travesías que el hombre tendría que afrontar para llegar lo más cerca posible a la perfección, que es una utopía, pero con aires realistas, sucedió a la idea de que el hombre aspira con estupidez a la divinidad, cuando el hombre con cautela y un poco de esfuerzo podría llegar a ser algo así como un superhombre. Parafraseando al estudioso, la moral del occidente es perversa, para el ser humano y para su egoísmo, es perverso pretender que Dios es el centro del universo, cuando debería serlo el hombre, porque si el ser cree que está en manos de Dios, nada hará y nada evolucionará y por lo tanto se extinguirá; de lo contrario si el ser aspira a ser mejor, olvidándose de dios y teniendo el temple adecuado, podrá llegar a lo más parecido a dios, a lo que un ser puede aspirar. Es un dicho frecuente, que si uno quiere hacer las cosas bien, van mejor hechas por uno mismo; Nietzsche nos ha regalado el optimismo suficiente para ser mejores, pero nosotros seguimos escribiendo la biblia, como dijo Borges, y quizás lo haremos por la eternidad, con toda la estupidez y las guerras que eso comporte.

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