Tengo un instinto suicida; aquellos quienes me conocen lo saben y me comprenden, y tambièn Pizarnik me comprende. A veces quiero morir, dejarme andar quizàs o cansarme definitivamente de que me importen tanto las cosas que nadie màs quiere ver. Pavese tambièn me ha entendido, y èl dirìa que vivir es como estar eternamente enamorado, pues es de cara al amor, cuando uno se da cuenta de lo ìnfimo que resulta ser en comparaciòn con el mundo. No es novedad que me quiera matar: si todo les doliese, ¿no abrazarìan tambièn ustedes al suicidio?, talvès si habrìan de caminar los mismos senderos que yo, desearìan tambièn acabarse. No me apena el hecho, no es de entristecerse, la verdad no es ni de comentar, pero como todo tiene una razòn de ser en esta suerte de sueño empedernido, he aquì mi razòn: quizàs alguien por ahì, no tan fuerte de moral y con un alma podrida. como la mìa, encontrarìa un placer casi fetichista en quitarme la vida; quizàs esa persona estè leyendo esto, quizàs me haga un gran favor. Es asì como se buscan los verdugos hoy en dìa, en Facebook, porque todo està aquì y terminarà de la misma manera, y aùn ando yo, por calles oscuras, escribiendo una carta a alguien quièn por amor, tambièn me podrìa matar.
Nosotros, los poetas suicidas, hemos entendido tantas cosas que ustedes todavìa no saben, que les costarà saber y que no se querràn enterar, y esas cosas inservibles, son aquellas mismas, las que nos mantienen lejos de todo, incomprendidos y aislados, prodigios de la mierda dirìa Bukowski. Safo y yo compartimos ese sabor a nada, ¡ven que tenìa razòn cuando decìa que ellas sienten màs!, si hay màs poetizas suicidas que poetas y las entiendo, he entendido siempre a las mujeres, he aprendido a ser buen amante y a ser interesante solamente por ellas, y hasta he aprendido a amar. ¡Pero basta de juegos!, la dama que busco en esta tarde gris se llama LaMorte, es de una belleza exquisita, no se dirìa que lleve tantos años encima, quisiera como Espronceda, poder besarla, y en esa piel de leche hundirme hasta lograr desfallecer. LaMorte debe de vestir muy elegante y de seguro tiene esa mirada de imponencia que amo en aquellas que me suelen gustar màs que las demàs, y quizàs sabiendo hacer, como hasta ahora, podrìa tambièn yo enamorarla, atraerla con palabras y sonrisas, limitarla a extrañar mi mirada cada vez hasta que se decida por fin y me lleve con ella.
Pedro :( no te puedes ir sin dejarme :(
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