venerdì 19 maggio 2017

"The tell tale heart" y otras síndromes decadentes

El clima se ha vuelto loco, ha sido el remolino de la casa Usher y ha sido el recuerdo, y ha sido el olvido al mismo tiempo. Mi cuerpo, que resiente estas cosas también ha experimentado algo así como la falta de algo que conscientemente nunca tendrá sin saber lo que sea. Como el spleen de Baudelaire o la Nostalgia de Tarkovskij. Y esa charla sobre la infamia le quedaba chica a la oscuridad que alberga mi alma, por horas me sentí uno de esos personajes que Poe invoca, ejemplifica, contradice y enloquece, de esos que no saben expiar culpas y que se convierten en el único testigo de su infalible insania. Se abrieron así las interrogantes, no podía creerlo que una charla tan amena no comprenda en sí también a la culpa o a la venganza, que mucho han de decir sin hablar. Los comentarios fueron lúcidos, aunque ninguno refería los encausados al drama, sino que daban apreciaciones propias, desviados de lo que habían oído como si sus opiniones pudieran importarle a los judíos muertos en los campos de concentración o a las mujeres violadas día a día entre la crisis del hambre y la fama que se vive en el mundo. 
Baudelaire también contó de una vieja triste, que era víctima y no victimaria, pero no de otro orate, como en el cuento de Poe, sino del tiempo, ese que merma las ganas y que vuelve árida la fertilidad. Pero de estos personajes sombríos, todos se salvan, incluso el del Golden Bug o el pintor de The oval portrait, porque el fin era otro y porque eran gente de manicomio, en cambio la infamia le pertenece al cristianismo y a la política, y aquí otra incógnita, si no se pudiera hablar de infamia para con los enfermos mentales, entonces los psiquiatras de Hitler y de los reyes católicos los habrían podido salvar hoy en día, y la infamia dejaría de ser un discurso de poder, me perdone Faucoult, para pasar a hablar de hipocresía o de sueño o de fantasía. 
Decía que Baudelaire... porque vivimos banalizando el sufrimiento o, si quiero darle un poco de altruismo al discurso humano, vivimoa el segundo de placer a cambio del eterno llorar, aunque sabemos bien que no es así, el que no lo sabe, no vive aquí, quien sabe en dónde entonces... y una cosa lleva a otra, el personaje inmoral por ejemplo, de Gide y los tantos de Zola, resultan fascinantes, ¿hablar de la infamia transforma a un artista en infame?, esa pregunta quedó abierta sin razón, tal vez porque habría que haber leído más decadentismo, romanticismo filosófico y estetismo. O quizás porque los hechos que debía referir la literatura de infamia debían de ser más bien históricos, y en ello tampoco hay duda de la ambivalencia de los comentarios y de la ponencia, y yo que estaba cargado de mierda y de Bolaño y de sueños frustrados y de desorientación existencial, me colmaba además de infamia, de más está decir que si en ese momento algún pseudo infame hubiese querido joderme, yo me habría convertido inmediatamente en un infame y lo habría matado o a lo mucho, machacado a puñetazos, y otra vez, ¿la venganza vale como acto infame?
La conclusion sin embargo, a pesar de mis inferencias me llenó el vacío existencial, sin que eso me haya hecho sentir mejor, solamente satisfecho. Aceptar qe mientras humanos poblen la tierra, la infamia será parte de la historia es lo más sensato que pude oír hoy, más sensato que el bicicletero haciéndome querer pagar 20 euros por una cámara rota, que tal vez no rota estaba, más sensato que las nubes y el sol que se han vuelto personajes de Poe y del segundo Baudelaire y a veces de Pizarnik por la incertidumbre y la inconstancia. Mientras tanto mis días siguen sucediéndose en la mierda y el mundo está sumido en ella y no vamos a llorar, no se nos pida por la gente que murió hoy, ¿también esto es un acto infame? Y de aquí el empirismo y tal vez además el idealismo. Lo siento, mi mente es un desorden, lo sé.

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