lunedì 8 maggio 2017

Dia de mierda

"Día de mierda" y a epíteto bien empleado o algo así... eso pensaba desde el furgón de segunda clase en el que se había embarcado para leer ese libro que más parecía enciclopedia, una enciclopedia bien barroca que enseñaba indirectamente desde el estilo de Cervantes hasta el de Márquez, no sin pasar claro, por Mallarmé y Chesterton, por cuanto similares puedan ser, dos escritores que no se parecen en nada. Y claro, tenía que ser llevado a casa al mismo tiempo. El clima era un peligro inminente por esa época; características de la región en su graciosa primavera eran las lloviznas improvisadas que a veces venían acompañadas de ventarrones y a veces de un sol inconciente que no se daba cuenta de que su actitud oximorica habría de dejar a más de uno enfermo, 90 mil en todo Italia, habían dicho en el telegiornale de semanas atrás. Como sea la lluvia caía, y los días de mierda se habían sucedido con esporádico afán tal vez desde su nacimiento, pero últimamente era más insoportables que en antaño, quizás porque últimamente había dejado de alcoholizarse y de usar alucinógenos con una voluntad más bien fuerte, una voluntad de más-allá-del-hombre, diría Nietzsche, puesto que pretendía acabar por fin la universidad en lo que le quedaba de tiempo (que era un tiempo relativo que se había autoimpuesto), y perder la cabeza estaba bien a veces -siempre lo había sabido- pero con la exageración debida uno termina por perderla literalmente, y ya que su juicio no era muy confiable desde que falleció su abuelo, porque casi le da paranoia y de la ansiedad jamás pudo escapar, era mejor dejar de... y no dejar por... como siempre había hecho, o tal vez era dejar por, se decía con ademanes siniestros y hablando en soledad como si su juicio, en realidad jamas se habría recuperado del sosiego, tal vez era por el café o por la literatura o por pasar tiempo con su hermana que eran como fantasmas que rondaban de rato en rato su existencia, y se vislumbraban allí, sus futuros vicios, los significados de su nuevo ser y tal vez sus defectos. Pero eso no le molestaba tanto, pues estaba acostumbrado a la dependencia y además el nosequé de incertidumbre atenuaba sus dudas que eran más bien impuestas y no como el rocío en verano. Lo que le andaba transformado los días lluviosos y de viajes tediosos y de libros que ya no quería interpretar porque la interpretación ya la habían dado siempre otros (y cuando realizó la idea se arrepintió de estudiar literatura) no eran sus dudas cuanto una sola certeza: él, sintió que su egoísmo narcisista lo había llevado a automutilarse las ganas más de una vez, peor aun, por querer ser siempre el eslabón perdido o el sumo de los sumos sacerdotes de algo que los mortales llamamos vida, no había podido jamas vivir para sí mismo, como hubiera sido comprensible en cualquier egocéntrico que se respete, sino que había vivido como en una escena de teatro en la que él pretendía siempre la parte del principal y por eso cambiaba de máscaras continuamente, y por eso nada le parecía suficiente, y por eso hasta para amar había pedido un permiso tácito a los demás integrantes de la escena. "Quisiste ser contradicción y lo lograste" le hubiera dicho un ser inmortal si hubiera tenido el tiempo de conocerlo enteramente; él se decía más bien que era un estúpido con todas sus letras pues siempre había pensado hacer las cosas por sí mismo, criticando a la moda globalizada, a los uniformes, a las tendencias insulsas de su generación y a las de otras generaciones; él, el grinch del arte y de-la-vida o del teatro en su caso, muy metafóricamente hablando, había vivido para todos ellos, los que aborrecía, los que amaba, con los que había establecido una simbiosis tan profunda que era invisible, y que le había hecho creer, durante su pequeño paso por el mundo, que en realidad era él quién tenía el control. Cuando se dio cuenta enumeró una a una las cosas que había creído hacer para sí y que en cambio había hecho para que el público tenga un qué decir de él. Entre las tantas cosas que descubrió, las más cruciales para su desarrollo personal por ejemplo también eran de estos descubrimientos; el hecho de darse cuenta, demás está decirlo, le desgarró hasta el alma y-la-conciencia quizás. Recordó que su relación más larga, la comenzó para desagradar a su relación anterior y porque alguno de sus amigos le había dicho que aquella chica le parecía muy bonita; recordó además que su afán por la literatura nació de una crítica bastante inconciente pero absolutamente certera, bien argumentada e incisiva que él mismo le había hecho a Vargas Llosa, alguien (puede que haya sido un profesor) le dijo que tenía talento para escribir, y para-demostrar-que-sí se quitó de derecho y estudió letras; pero lo peor de todo fue cuando recordó también, que una de las razones por las cuales él había logrado ser el ser menos estereotipado de todos, entre el estudio/trabajo y las fiestas/viajes, entre la sabiduría y la vida, entre la sonrisa y el llanto, la paz y la guerra, la mierda y el diamante, era porque había querido ser en su adolescencia, todos sus amigos y hasta a veces sus conocidos al mismo tiempo, y esto porque agradaban tal vez más que él a los demás. Fue esa la gota que derramó el vaso, todo en su vida parecía una mera ficción, un collage de retratos ajenos, una búsqueda por lo otro despreciando lo otro, un espejismo de lo que alguna vez creyó eficaz y que terminó por consumirlo hasta reducirlo en una identidad mixta y pordiosera que negaba su propia naturaleza, que le negaba ser quien quería y peor aun, quien pretendía ser. A cada día se sentía morir y tenía que sonreír; por las noches resucitaba del sueño de estar ahí casi por incertidumbre y retomaba responsablemente, como resignado su intachable monotonía. Así fue por esos tiempos, pero el día de mierda era un día particular porque esta vez, solo esta vez, detrás del vidrio y de las praderas doblegadas con un trazo de acordeón, rodeado de gente que odia y ama al mismo tiempo, con su libro pantagruelesco al lado y su corazón polifemico, con sus dudas y sus certezas metafísicas o extraordinarias o muy banales, esta vez se había sentido por primera vez en su vida, solo, enserio.

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