Estar ahí y sentir que llueve por dentro... No es como dicen, en realidad, no es como quieren creer, tampoco como creen. Todos piensan que pueden sentir como tú, darte algún tipo de fuerza a través de frases que practican una y otra vez, y no lo logran. Algunos poco bondadosos de alma, de seguro habrán pensado: si no llora, no lo quiere. Si supieran...
A veces yo mismo me pregunto el porqué y es que se tiene que ser fuerte cuando se debe de ser fuerte, muy aparte, mi cabeza ocupaba al 100% recuerdos mal gastados, era peor en mi lugar, yo lo vi sufriendo y quería que no sufra. En esa reducción, en ese absurdo estado, con el orgullo que corre -aquel poco que queda- y se vuelve más poderoso, yo también hubiese preferido irme, largarme de la humillación de este cuerpo que no tiene nada más que ofrecer. Sin embargo, todo fue tan repentino, tan defasado de época, de los discursos de historia y política, nos pasamos en un abrir y cerrar de ojos a los pañales, las visitas esporádicas, las lágrimas y el adiós.
Es claro, no lo sabrán hasta que pase; yo lloré su ida dos meses después y lo digo con orgullo, porque la lloré como tenía que hacerlo, cuando precisamente sentí que no podía seguir siendo el más fuerte, porque sin él mi mundo se había venido completamente abajo, y no señores, no hablo de bienes materiales, los cuales por supuesto me hubiese ofrecido sin pensar, estoy hablando de algo más grande, de quién en verdad por esos tiempos me preguntaba cómo estoy, de quién me esperaba por las noches preocupado a que regrese, y yo cuánto me odiaba cuando abusaba de su confianza, pero ya ven como son los adolescentes, yo no entendía de eso, me costaba rechazar la libertad que me había ganado, esa libertad a medias que junto a sus palabras eran mi mejor terapia para no morir, para no caer en eso que muchos de mis colegas extemporáneos caían, sobre todo los malditos.
Yo sí que sentí su ida, yo no esperaba que un pésame me mejore, hubiese preferido no escucharlos a todos, lo hubiese enterrado yo mismo y me hubiese ahorrado las absurdas palabras dichas en el discurso de uno de sus tantos ex-compañeros, para mí no valían nada. Yo lo hubiese inmortalizado si me lo hubiesen pedido, a lo sumo, si mis bolas hubiesen sido más grandes, pero ya me ven, esclavo de mi cobardía, tener que reducirme a argumentos insulsos, aun peor, a las personas que envés de llorar su partida lloraban su actual soledad que ni acababa de empezar con tal egoísmo que hasta ahora me cuesta creerlo y me causa repugnancia.
Me criticaban muchas cosas como si aún fuese un niño, que curioso que él hubiese tildado de niños a los que me criticaban envés de a mí. Él depositaba un infinito de confianza en mí, reconocía mi talento -la única persona que lo hacía por esa etapa de penumbra-, pero esas confianzas no nacen de la noche a la mañana, esas se ganan, yo le había devuelto su niño interior y él me había devuelto una familia, ambos eramos una razón de vivir, cuando yo lo había perdido casi todo y él tenía de sobra lo aburrido, no entenderán, ni siquiera saben de la complejidad de sus pensamientos y su ceguera limitada a ver en mí mi bohemia y nada más no les dejará saber lo que yo, ni lo que él.
Quisiera haber podido tener el dinero y haber terminado antes del siniestro, porque eso era lo que él deseaba con el alma, porque si después de los fracasos en quienes había confiado, nadie más en su vida podría ser como él o más, existía todavía yo. No lo hirieron como creen esas noches de desvelo, no empeoraron su caída, le di al menos un motivo de vivir y me dio también a mí un motivo de seguir viviendo, tal conexión no se consigue así nada más: "con tal que estudies". Porque era de brillantes para brillantes, una herencia que a base de sufrimiento y libros, ¿qué sabrán?
Qué estúpido teatro el que se formaba en mi vida, mi sonanbulismo, mi anciedad, mi paranoia: mi soledad. Para curarme solo estaba él y es obvio, me arrepiento de no haber estado ahí para curarlo yo a él. Aunque todos sabemos que no hubiese podido y además, eso a él no le hubiese gustado: "los genios no hacemos eso". Pues los genios tampoco nos enfermamos de tal manera, preferimos la muerte, habrás pensado. Puedes estar más tranquilo, pues hice caso absoluto a todos los mensajes implícitos que a lo largo de mi vida me diste sin decirlos, incluso las indicaciones del final, cuando la despedida. Seguí estudiando, quizás no en Perú, pero en Padova y ahora al menos veo también a mis hermanos; el ligero cambio de carrera no costará caro, casi ya sé la historia tanto como tú y desde varias perspectivas, intentaré sobrevivir por un tiempo acá, gracias por cuidarme cuando no estoy muy conciente, aunque no lo creas, yo siento tu presencia. No te preocupes, llevaré conmigo mi diploma y seguiré siendo así de altruísta con el conocimiento y de liberalista, y un poco bohemio aunque no te guste. Ten fe, la meta no ha cambiado, solo los planes se desviaron un poco y veamos cuánto más lo hacen, hasta volvernos a ver. Gracias infinitas por el ajedrez en las noches, por el rompecabezas mucho antes, por tus historias de amor, por tu confianza y gracias por ayudarme cuando creía desaparecer.
PD: Saluda a mi otro abuelito, a quién no conocí, quizás soy muy ingrato, pero es que no tengo el recuerdo que deja cariño consigo, espero le hagas entender. Hasta pronto.

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